Luis Carlos Ugalde
“Así lo viví”
Testimonio de la elección presidencial de 2006,
la más competida en la historia moderna de México.
Introducción
“Lo que mal empieza…mal acaba”. Es esa la primera frase que viene a mi cabeza con respecto a Luis Carlos Ugalde y su estancia en el Instituto Federal Electoral en el cargo de Consejero Presidente después de leer su experiencia en el título “Así lo viví”.
Probablemente el tema de las elecciones federales de 2006 merezca un cierto grado de erudición, pero a decir verdad, éste escrito me planteo hacerlo desde el punto de vista de una universitaria, ciudadana mexicana que tras leer las páginas redactadas por Ugalde consigue despertar a una realidad nacional que le provoca una determinada sensación de frustración y desavenencia general en relación al proceso electoral, las prácticas políticas que en él intervinieron y de cómo la información - o desinformación es éste caso - da pie a toda una serie de eventos desafortunados para la nación.
¿Cuál el problema principal? Que el país no era lo suficiente maduro para asumir un resultado tan cerrado. Admitamos que, pese al avance que ha presentado a partir de la creación del IFE, México aún experimenta una democracia en pañales, al lado de otras naciones que pueden presumir de un mayor desarrollo en la materia.
¡FRAUDE!…exclamación que adquirió una fuerza semejante a la de un huracán. Era el grito de guerra que un gran sector de la sociedad exigía. “Voto por Voto, Casilla por Casilla”, frase que pasó a ser parte del argot popular, y que se utiliza cada vez que existe cierta inconformidad con el resultado de cualquier cosa…
Ahora veamos el proceso por medio del cual se llegó a este punto particular de la historia moderna de México; la problemática no sólo de forma, si no también de fondo.
Ugalde: sus inicios en el IFE
Tal como lo narra en el primer capítulo de su obra, El Pecado Original, la influencia de los partidos políticos en la toma de decisiones sobre asuntos de un organismo que es en esencia no gubernamental, se hace latente.
Llama mi particular el caso de la intervención directa de un personaje como Elba Esther Gordillo en la elección de Ugalde como Consejero Presidente del IFE. ¿Qué puedo yo decir sobre una persona como lo es Elba Esther? Si es la mandamás del sindicato de maestros, y que hace aún años atrás gozaba ya de un poder mayor al que correspondía a su investidura como militante del PRI. La lectura de ese primer capítulo me hizo reflexionar sobre lo efímeras que suelen ser las relaciones políticas. Todo es cuestión de conveniencia temporal…Para muchos el hecho de que Luis Carlos llegara a ese puesto por intención de “la maestra” manchó desde el principio su carrera en el Instituto. Siendo totalmente sincera, opino que en ese entonces el Dr. Ugalde, con todo y sus altos grados de escolaridad, estaba aún “verde”; su buena voluntad y su arduo interés en la democracia lo llevaron a considerar de manera ingenua que la política mexicana no es rencorosa. Pero la verdad es otra: los políticos nunca olvidan, y, favor con favor se paga. Una determinación que fuera tomada en apenas en 2003, tendría importantes repercusiones cuatro años después. Sin embargo, el autor supo acudir a su entereza, y aunque cometió varios errores, se aplaude que no haya cedido ante las futuras presiones de las cuales sería objeto por dicho pecado de origen.
¿Por qué no hacer del proceso algo transparente?. Llamadas telefónicas particulares por parte de los involucrados a las dos de la mañana, deja mucho que desear de la práctica. Fue así como Ugalde se dio por enterado de su futuro nombramiento. Y no hablamos de que el ser presidente de una institución como lo es el IFE sea algo de ínfimas dimensiones, que pueda tomarse a la ligera; a mi punto requiere de cierta formalidad, la cual claramente, no hubo.
Pero más allá de la forma en que llegó a su puesto, resultas más importantes otros aspectos de la vida política del país que fungieron un papel, si no determinante, por lo menos de vital presencia en el proceso electoral de 2006. Me refiero a aspectos como el desafuero de López Obrador en 2005, al asunto relacionado con el Pemexgate, a la aprobación de los nuevos estatutos del Partido Verde entre otros. Fue toda una especie de remolino de eventos aleatorios que sin duda se verían reflejados tiempo después. Algo así como el efecto mariposa…
El escenario previo a la elección: empiezan las campañas
El panorama es muy amplio. Debido a la gran cantidad de información que maneja el autor en su análisis a través de los diversos capítulos del libro en cuestión, me enfocaré en algunos puntos que llamaron mi particular atención, y que siento, que, debido a su importancia y transcendencia en el ambiente electoral y postelectoral, merecen un poco de mayor atención.
El primer aspecto a consideración es la ausencia de López Obrador en el primer debate. Concuerdo con Ugalde al plantear que fue ese uno de sus más grandes errores estratégicos. Me parece ilógico que al haber manejado como su bandera el acercamiento con el pueblo, se haya negado a acudir. Durante toda la campaña hubo gran cantidad de incongruencias, pero la más simbólica sería esa. La única oportunidad seria que teníamos los mexicanos para discernir entre las propuestas de los candidatos, y el señor simplemente no se presentó. Si bien AMLO ya contaba con un gran número de simpatizantes, nada le costaba rendir cuentas de algún modo al resto de la población.
Ahora bien, no podíamos dejar de lado los errores cometidos también por Acción Nacional. Aquellos que involucran al entonces Jefe de Estado, Vicente Fox, que con su impertinencia clara, sólo consiguió sesgar la credibilidad de la elección. Era lógica la percepción de la gente: el Presidente apoyaba cínicamente al candidato de su partido. En política muchas veces se toman medidas desesperadas, caso que arguyo fue claro de ello. Pero no era para menos. Fox la había regado, y bonito…tenía que pelear entonces hasta con las uñas por lograr mantener su discurso inicial con vida.
Lo anterior no sería tarea fácil. La gente había votado aquel año 2000 con la esperanza de un cambio de forma y de fondo. Había depositado todas sus ilusiones en el partido opositor, en una derecha que prometía acabar con la dinastía priísta a base de empleo y mejoras en la calidad de vida. El resultado: tras seis años de gobierno, éste no cumplía con sus totales expectativas. A Fox no le quedó más que intentar hacer alarde de sus muchos - o pocos - logros, sin importarle lo primordial de una postura neutral ante el proceso electoral. Mucho se criticó su postura imparcial. Sin embargo, se estaba obviando la capacidad analítica de la población. ¿Qué más daba si el entonces presidente pregonaba sobre nuevas carreteras si tu esposo no encontraba un empleo digno, o los topes salariales no daban margen más que para vivir al día? Era obvio que sus declaraciones no se verían reflejadas en una inducción directa y a favor al voto por el PAN. Yo insisto, se sigue subestimando a la sociedad…
El caso de las campañas negativas: ¿Guerra Sucia?
Siento que en mayor o menor medida, la sociedad mexicana es joven en cuanto a participación política se refiere. En parte, lo anterior lo adjudico a una cultura política en ciernes, no faltante por completo, pero que a causa de variables como el nivel socioeconómico y sobre todo educativo de los habitantes de ésta hermosa nación, no se ha desarrollado a un ritmo paralelo al de otras naciones. Sin embargo, como mencionaba líneas atrás, tampoco se puede suponer que somos blanco fácil ante toda una sarta de acusaciones, falacias, discursos mesíanicos, promesas de un México mejor en un abrir y cerrar de ojos, etc.
Caso particular es el de las campañas negativas, o negras. Es cierto que siempre han sido parte de un proceso democrático sano, pero a decir verdad, en 2006 empezó a salirse de control el uso y explotación de dicho recurso. Siendo completamente honesta, el tema me genera cierto conflicto existencial. De algún modo concuerdo con Ugalde cuando menciona que las campañas negativas son una herramienta clave para la existencia de la democracia, ya que al exponer los puntos débiles o turbios de X candidato, la población tiene más elementos con los cuales validar su decisión a la hora de votar por el mismo. ¿¡De qué sirven sólo lindas promesas!?….Por otro lado, no deja de ser difamación y calumnia, y aunque a largo plazo las cosas caen por su propio peso, considero que esa estrategia es desgastante y muchos no saben todavía lidiar con ella desde una perspectiva madura.
Ahora bien, a éstas alturas del partido, no es de extrañar que al círculo reducido de individuos que conforman a la política nacional sea fácil sacarles más de un dato que resulte sospechoso; blancas palomas no son.
Sin embargo, ante la necesidad de defender la integridad de los “pobres políticos”, se sacrificó a la libertad de expresión, cuando se dio paso a la Reforma Electoral de 2007. Ahora resulta que no le vamos a poder sacar sus trapitos al sol a ningún candidato, porque decir que fulano es un peligro para México - tal como lo hiciera en su momento Felipe Calderón refiriéndose a AMLO - representará ya un delito. Si bien la reforma trajo consigo beneficios, es cierto también que trajo beneficios a medias, a costa de coartar la capacidad analítica y lograr una equidad superflua.
Pero una cosa es cierta: la Ley Electoral era ineficiente para efectos de la práctica desarrollada en el 2006.
El conflicto pre y postelectoral
Antes de entrar en materia de fraude y todo el resto de inconformidades que generaría el resultado de la elección de nuevo presidente de la república, sería bueno reconocer el papel del IFE durante la organización de dicho evento nacional.
Ugalde hace mención de la introducción de una nueva estructura tecnológica que permitiría que la elección de 2006 fuera una de las mejor organizadas, transparentes y confiables de toda la vida del instituto. Qué irónico…pues a pesar de que así fue, sería una de las más conflictivas de toda la vida democrática de México. Más irónico todavía sería que actores internacionales reconocieran dichas condiciones en que se desempeñaba el proceso electoral, y los propios actores nacionales se rehusaran a hacerlo, como fue el caso de López Obrador. ¡Qué falta de seriedad!. Pero esa…es otra historia.
Se había desarrollado el mejor Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), el más exacto hasta el momento, capaz de determinar una tendencia estadística hacia un posible ganador hasta por un 0.6%, algo muy oportuno en una elección tan cerrada como la que estaba a punto de vivirse. Se trabajó en su diseño muchos meses antes de la hora del show con la ayuda de especialistas de la UNAM. Los partidos habían firmado conformidad en cuanto a su papel en la elección. La logística era casi impecable; se había dado paso a la capacitación de miles de ciudadanos que salieran elegidos resultado del sorteo que lleva a cabo el IFE para designar a los funcionarios de casilla; se habían distribuido toneladas de materiales electorales, los presidentes de los partidos políticos firmarían así mismo el Acuerdo Democrático por la Equidad, la Legalidad y la Gobernabilidad, en donde se comprometían a respetar el resultado de la elección… Todo pintaba para que todo marchara en plena paz y calma. Pero nadie contaba con que a las palabras - y acuerdos - se los lleva el viento.
Es justamente aquí donde entra el error de comunicación evidente por parte del IFE.
Desde mi particular punto de vista, debió darse una mayor difusión a las acciones tomadas por el Consejo General del Instituto, para evitar dar margen a sospechas o suspicacias. Es más fácil generar controversia cuando la información no es pública. Caso claro lo menciona el mismo Ugalde al referirse a las actas con inconsistencias, las cuales AMLO usaría como argumento, estableciendo que 3 millones de votos estaban siendo eliminados. Argumento falso, se demostraría después. Sin embargo, el daño moral y anímico a la sociedad estaba hecho.
Estoy conciente de que todas las decisiones del IFE son de carácter colectivo, y que por ende no podemos culpar a un solo actor - entiéndase el Consejero Presidente, Luis Carlos Ugalde - por ellas. No obstante, no puedo hablar por los más de 100 millones de mexicanos.
Para ellos, el IFE era el villano de la historia al no ser capaz de dar un ganador. Ellos, tanto como yo, no concebían la idea de que en México se proclamaran dos presidentes - ¿el espurio y el legítimo? - esa noche del domingo 2 de julio. Todo ese espectáculo nos llevaría a condiciones de ingobernabilidad, algo impensable para nuestros días. ¿En qué papel quedaba México? ¿De qué podía presumir ahora ante los observadores internacionales? Si esas condiciones de transparencia ya no significaban nada relevante. El conflicto era una realidad fehaciente.
A la gente no le importaban modelos estadísticos, porcentajes o formalidades técnicas de cualquier índole. La incertidumbre invadía los corazones. La prensa extranjera y nacional especulaba sobre la situación. López Obrador en representación del PRD, buscaría salidas “legales” para revertir las condiciones que no lo dictaminaban ganador. Se llegaría incluso al extremo de no reconocer a las instituciones, ya no nada más al IFE, al Tribunal Electoral tampoco. Se planteaba incluso la anulación de la elección. Eso ya era grave.
Se denunciaba fraude electoral pero se carecía de pruebas contundentes de ello. Se jugaba con el ánimo de millones de personas que habían depositado todas sus ilusiones en el candidato que les prometía un mejor futuro, que para otros representaba clara demagogia.
Aunque mucho se haya hablado de “embarazo de urnas” o de dolo en el cómputo de las actas, la verdad es que no se podía pretender que en efecto todo había sido un “complot” como lo estableció Andrés Manuel. Resulta absurdo culpar a más de 520 mil mexicanos de confabularse a favor del candidato derechista, cuando las condiciones políticas, económicas y sociales no lo favorecían del todo.
El caso particular del “Voto por voto…”, me evoca un sentimiento de confusión al no lograr dilucidar cómo es que AMLO tira por la borda todo el esfuerzo de miles de ciudadanos que cumplieron con su deber cívico. En pocas palabras, dudó de la honestidad de todo un país, incluso de la misma gente que lo apoyaba. ¿Qué acaso el ciudadano no cuenta? ¿Qué no, en teoría, las elecciones son por, y para el pueblo?…
Bien, no hubo fraude. Me queda claro que legalmente no lo hubo. Errores…de esos hubo por montones. La elección se declaró válida, y Felipe Calderón fue “El Elegido”. Pero las condiciones climáticas de la política nacional, jamás serían las mismas.
Probablemente, México no estaba preparado para un conflicto de tales dimensiones.
Conclusiones
En política, las palabras de hoy son unas, las de mañana, otras muy distintas. El juego del poder determina no solo las condiciones del juego, sino también el comportamiento y evolución de los mismos jugadores.
A tres años de la elección de 2006, puedo aseverar que el conflicto postelectoral aún no se ha diluido por completo, y muy probablemente, no lo haga durante el resto del sexenio de Felipe Calderón.
Las condiciones de gobernabilidad se establecieron desde aquella noche del 2 de julio, si no es que desde mucho antes. Es muy factible que si AMLO hubiera ganado, las cosas hoy por hoy, serían abismalmente muy distintas. Nunca los sabremos…
Lo que sí sabemos, es que las campañas presidenciales tuvieron un alto costo, y no sólo de carácter económico. Acciones como la proclamación de una Reforma Electoral eran consecuencia “natural” de un proceso lleno de desavenencias e inconformidades por parte de todos los partidos políticos. Queda claro que los intereses particulares siempre van por delante.
Que nos falta cultura política, no lo niego. Que falló la estrategia de comunicación por parte del IFE, de los medios, incluso de los partidos políticos; tampoco lo niego. Pero lo que tampoco niego, es que gran parte de las problemáticas que aquejan a la sociedad de hoy nacieron hace más de 3 años. Que la llamada Guerra contra el Narcotráfico, no es otra cosa más que un truco barato para lograr la legitimación de un gobierno que, hasta la fecha, muchos califican como “espurio”. Que a mitad del sexenio, Calderón aún no logra ver un rayo de luz, ni lo hará si eso significa contar con el apoyo de los más de 100 millones de habitantes, o de los diversos grupos políticos…porque es producto de un proceso complejo, la elección más cerrada en la vida del país. Y por último, tampoco niego que Luis Carlos Ugalde fue una pieza importante del rompecabezas, y todo lo que narra, de manera tan amena y tan llena de convicción, simple y sencillamente, así lo vivió.
lunes, 7 de diciembre de 2009
“Así lo viví”
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