México vs EUA: La Guerra Visual
La batalla que se libra a través de la televisión
Por: Ma. del Consuelo Contreras Corona
A pesar de que en México se ha dado un fuerte desarrollo del sistema de televisión, se refleja una fuerte influencia del modelo estadounidense. Por un lado, no existe la producción de televisión, y por el otro, cuando se llega a producir, dichas creaciones tienen un estilo particular, basado en el modo de vida del país vecino y lo que los televidentes que radican allá tienen oportunidad de presenciar. Además hay una visible tendencia por parte del espectador nacional para relacionarse de forma más profunda con los programas americanos.
La visible abundancia de producciones americanas en la televisión mexicana nos ha llevado de manera inevitable a presentarnos diversas cuestiones respecto a las principales causas de dicha eventualidad. Pese a que existen ciertas producciones mexicanas, que se elaboran con poco presupuesto, no se rescata de manera significativa, puesto que no logran recaudar la audiencia necesaria para que sigan adelante, y, por otro lado, el punto de comparación entre el impacto que logra una y la otra, realmente no existe, puesto que las producciones extranjeras superan con mucho en diversos aspectos a las producciones nacionales.
Conociendo a la “Caja Mágica”
Desde sus inicios, la televisión se posicionó rápidamente como un fuerte factor de cultura, que nos hizo de ella y nosotros la hicimos nuestra, se introdujo de lleno en nuestros modos de vida e inclusive adecuamos nuestros horarios a lo que en ella se transmitía. Es necesario rescatar, la manera en que estamos involucrados con el llamado cuadro mágico.
Las transmisiones televisivas iniciales eran meramente informativas. Lejos de buscar algún tipo de entretenimiento, los canales se encargaban de reproducir al resto del país información relevante respecto a lo que se estaba viviendo. Durante una década las cosas siguieron planteándose bajo este mismo modelo.
Gran parte de la población mexicana invierte una cantidad considerable de tiempo en ver la televisión. En promedio, las mujeres (4.06 horas) ven más tiempo la televisión que los hombres (3.70 horas). Ello permite considerar que la televisión, más que un simple medio de comunicación, es una “instructora” de la sociedad y el medio de entretenimiento por excelencia.
Desde el inicio de la televisión, el Estado Mexicano confió su expansión a las inversiones y a la relación con los públicos de la iniciativa privada. Siempre mantuvo intercambio en condiciones de manifiesta desigualdad con Estados Unidos. Incluso hay una dependencia tecnológica de la televisión norteamericana, plagio de formatos y masificación de la imitación. También de comercialización ya que la producción y distribución de programas fueron desarrolladas en asociación, además, con los publicistas, los patrocinadores y los estadounidenses, quienes observaron una buena oportunidad de instruir sus habilidades, no solo de ingeniería, sino también de gestión de cualquier aspecto relacionado con el funcionamiento comercial de una emisora.
El consumo de televisión constituye un objeto de mediación ya que por su intermediación, las personas acceden a determinados códigos de interacción e información que los uniformiza y capacita para relacionarse con los nuevos recursos y, de este modo , reconocerse parte de la comunidad que los diferencia de otros (los que no dispongan de dichos recursos). Asimismo, en la complejidad y diversidad de mensajes que transmite, la televisión va creando modas y actitudes de vida en las audiencias que la consumen segmentadamente.
La televisión tiene la importancia de ser un acto social que no solo remite a una forma de empleo de tiempo libre, es también una manera de ser parte de la sociedad contemporánea: proporciona un denso tejido de experiencias que nutren las relaciones sociales cotidianas (pláticas, códigos comunes, configuraciones de identidades y pertenencias grupales). Así cuando se habla de televisión no sólo se hace referencia a un medio de comunicación, sino igualmente a un conjunto de lenguajes y formas de ver el mundo que son ampliamente difundidos y asimilados.
Made in USA
Desde hace décadas, autores como Kaarle Nordenstreng y Tapio Varis han manifestado la existencia de importantes ¨flujos¨ de programación televisiva emitida mundialmente: Integrando datos del año de 1971 provenientes de 50 países, su estudio mostraba que el 40% de todas las horas de programación exportadas en el mundo tenían su origen en Estados Unidos, mientras que las importaciones de éstos representaban solamente en 1 ó 2 % de su programación.
El auge progresivo de diversos géneros o formatos importados de Estados Unidos, relacionados con el entretenimiento en la televisión mexicana, define la tendencia actual. Se muestra el aspecto dominante de la presencia de producción televisiva de origen estadounidense en México, y se relaciona directamente con relatos cómicos de situación y los dibujos animados. La cantidad de programación importada de Estados Unidos y transmitida por canales abiertos es relevante, sobre todo en el canal 5 de Televisa, que se constituye básicamente como un canal programador de series norteamericanas y no como productor de oferta televisiva.
En general los estudios de consumo de Straubharr y Viscasillas, sugieren que los televidentes prefieren los contenidos de su país de origen, o de su región lingüística o cultural (Straubhaar y Viscasillas, 1991). Sin embargo, de acuerdo a la teoría, la cultura televisiva de México y la Laguna se ha visto altamente influenciada por la cultura norteamericana. A este supuesto debemos agregar otra situación que de igual forma repercute e inclusive hace el fenómeno aún más grande. La posición geográfica de Torreón Cohuila. Nuestra visible cercanía con la nación americana ocasiona que la influencia se dé de un modo más elevado que en otras zonas del país más alejadas de la frontera.
La sociedad mexicana se encuentra altamente influenciada por la sociedad americana. Lo notamos en aspectos como la forma de vestir, de actuar, de vivir, etc. Que se vea reflejado en nuestras preferencias televisivas no resultaría sorprendente. Las producciones americanas nos venden un modo de vida, reflejan en sus series una manera diferente de ver las cosas y los mexicanos compramos el concepto sin cuestionarlo siquiera. Se trata de predilecciones basadas en el ofuscamiento que provoca una realidad alterna, cuyo lado malo no somos capaces de visualizar. En todo caso, si en México no se produce televisión, es precisamente porque preferimos el contenido americano y cuando nos ponen en las pantallas otro tipo de producción, nos resulta tan ajeno que no somos capaces si quiera de verlo sin juzgarlo más fuertemente, sólo por tratarse de algo diferente. Al no existir la preferencia pues no existen las ganancias para los productores, y para ellos resulta más sencillo importar y ganar que innovar pero sin la seguridad de obtener una ganancia a cambio.
“Money makes the world go round”: El factor económico
El acuerdo de libre comercio entre los tres países de América del Norte ha propiciado según algunos investigadores una intensificación del carácter oligopólico de los medios de comunicación, un reforzamiento de los objetivos comerciales y lucrativos, la modernización tecnológica de la industria y la modificación de la estructura jurídica para facilitar la liberación del sector.
Resulta más económico para las empresas mexicanas pagar por los derechos de transmisión que hacer la producción propia, se trata de considerar precisamente la relación beneficio – costo. Una producción que pueda siquiera compararse con las que se realizan en Estados Unidos consideraría en gran medida una fuerte cantidad de dinero, que no se sabe siquiera si será redituable.
Según el género y el nivel socioeconómico, las audiencias televisivas mexicanas preferían en 1999 una u otra de las opciones arriba mencionadas. Las mujeres, mayoritariamente, preferían la programación nacional del Canal 2 de las Estrellas, mientras que los hombres manifestaban su agrado por los canales 7 y 13 de TV Azteca, en ese orden. El nivel socioeconómico no producía diferencias entre las mujeres (todas gustaban mayoritariamente del Canal 2), mientras que los hombres de nivel alto y medio concidían en su preferencia por el Canal 7 de TV Azteca en contraste con los del nivel bajo que elegían el Canal de las Estrellas. Esto refleja una fuerte identificación, especialmente en sectores de clase media baja, con personajes estereotipados de la sociedad norteamericana.
Estamos en un país en vías de desarrollo, que aún depende de forma significativa de las exportaciones y tributos de Estados Unidos. En cuanto a las producciones, nos hemos dedicado de lleno a importar sus programas de corte dramático y cómico y transmitirlos tal cual, con la diferencia única del idioma, ya que en la mayoría de los casos se hace trabajo de edición al doblar las series al español. Los resultados: se llena la televisión mexicana de un mismo concepto, el cual es consecuente de que nos formulemos un prototipo de la programación que debe ser transmitido. Encontramos la típica historia en las producciones mexicanas – como las novelas – y observamos de manera significativa que dicha historia tiene sus bases en los materiales que nos importan de la vecina nación.
El caso de las audiencias juveniles
La relación de los jóvenes con las denominadas industrias culturales: televisión, radio, periódicos, revistas, cómics, casas disqueras, se da fundamentalmente en el nivel de consumo; en términos culturales... (en este marco) la televisión... ocupa (ría) un lugar preponderante en las prácticas juveniles.
Es de destacar el elevado número de adolescentes que agradecen que la televisión les permita conocer otros países, lo que confirma el hecho de que la información lejana es más creíble que la cercana. Al no tener un contacto directo, es más atractiva y también más difícil de contrastar. En cambio, la presencia de la música o de la tecnología es casi irrelevante. En este sentido, hay que tener en cuenta que prácticamente todos los miembros de la muestra respondieron a este enunciado apelando únicamente a la programación estrictamente informativa, pues la mayoría de los géneros citados correspondían a este ámbito (telediarios, documentales y debates), lo que puede aclarar el motivo de la casi nula presencia de la música.
A la hora de explicar en qué les ayuda este medio, en muchos casos el estudiante argumenta que le permite comparar lo que sucede en el exterior con su entorno más cercano:
“con ella aprendes que en otros países hay guerras y que en tu país no” (A4, 15 años)
“me ha ayudado a saber (…) que no todo el mundo vive igual de bien como yo” (A20, 16 años).
A pesar de valorar la televisión como una de las principales fuentes de información, los estudiantes consideran que es básicamente un instrumento más de ocio. De hecho, varios de los alumnos consultados destacaron que es, sobre todo, un medio de diversión y entretenimiento.
Las jóvenes mujeres son más proclives a consumir televisión y pasan más tiempo frente a la pantalla y sus gustos varían desde "las telenovelas, algunos programas cómicos mexicanos, la lucha libre, las películas de terror y de acción, pero sobre todo, las series norteamericanas".
Entre las razones aducidas por los hombres y mujeres para preferir las series norteamericanas están en el amplio criterio con que se tratan los problemas de jóvenes relacionados con la sexualidad, el SIDA, el racismo entre otros temas, porque los protagonistas resultan verdaderos arquetipos de belleza y simpatía, así como por presentar la problemática juvenil desde todos los ángulos.
Los canales televisivos abiertos mexicanos ofrecen barras programáticas diversas con el fin de captar el mayor número de televidentes. El Canal de las Estrellas de Televisa, ofrece una programación nacional basada en telenovelas, concursos, programas cómicos y noticieros. El Canal 13 reproduce en cierta forma este mismo esquema, pero con telenovelas con propuestas más agresivas y novedosas. El Canal 7, por su parte, ofrece películas y programas cómicos norteamericanos como Los Simpson y los videos humorísticos, programas cómicos mexicanos, noticieros y películas, y el Canal 5 de Televisa con dibujos animados, series y películas norteamericanas.
Ahora bien, hay contenidos que se han consolidado como los preferidos entre los adolescentes: la ficción y los musicales. A esta lista, se ha incorporado recientemente el info-show. Optar por estos contenidos reafirma una vez más la consolidación de la televisión como instrumento de ocio, en detrimento de otras funciones posibles, y el gusto, entre los adolescentes, por la programación diseñada para los adultos.
Una guerra que aún no termina
No cabe duda de la influencia de los tentáculos del mercado televisual en el espectador adolescente: este grupo social tampoco escapa del actual proceso de globalización. De este modo y por citar sólo una prueba de ello, el éxito de series como “Expediente X” es un fenómeno que traspasa las fronteras. Sin embargo, también se constata la atracción por producciones cuya historia transcurre en ambientes locales, más cercanos.
El elevado consumo de series televisuales por parte de los jóvenes ha hecho que algunas cadenas incorporen a los guiones un componente pedagógico o, al menos, eso afirman. Es el caso, por ejemplo, de la cadena comercial inglesa Channel 4. En marzo de 2000, esta emisora decidió incluir en un capítulo de una serie que define como juvenil, “Hollyoaks” -normalmente seguida por unos 4,5 millones de espectadores-, una violación masculina, con la intención de contribuir a romper el tabú de las agresiones sexuales contra los varones.
Aunque la ficción, la música y el info-show parecen ser los contenidos más atractivos, la selección del producto televisual no sólo está condicionada por el tema, sino que también influyen otros aspectos: el horario de emisión y la disponibilidad como telespectador (ocupación del tiempo libre y horario escolar). De la práctica de los programadores, se deduce que resulta más fácil llegar al público infantil que al juvenil. Por esta razón, los espacios que coinciden con los momentos anterior y posterior al horario escolar son claramente infantiles.
Y es por ello, que tras casi un siglo de historia, la televisión mexicana no se ha permitido a sí misma una evolución considerable. Triste pero cierto, nuestro contenido mediático es codependiente del vecino del norte, de múltiples factores que van desde los intereses meramente económicos, hasta la particularidad de nuestra forma de aprehender dichos contenidos, y de los rasgos singulares que forman parte de la idiosincrasia del pueblo mexicano. La televisión ha sido el campo de batalla por excelencia de esta guerra mediática que día a día libramos con el monstruo americano.

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